Es obvio que el objetivo esencial de todo agente inmobiliario es alquilar (o vender) lo más rápidamente posible el inmueble que le ha sido asignado. Para ello, se antoja necesario disponer de una buena formación inmobiliaria, además de tener el máximo de información posible sobre la vivienda, aconsejar al propietario para que tenga esta en perfectas condiciones. De este modo, no solo lograremos encontrar a un inquilino con mayor rapidez, sino que nuestra conciencia estará mucho más tranquila a sabiendas de que hemos hecho bien nuestro trabajo: habremos proporcionado el lugar idóneo para vivir a la persona que lo necesitaba.

Un hogar más que habitable

Los pequeños detalles marcan la diferencia. Esta es la máxima que deberemos seguir cuando hablemos con el propietario del inmueble que deseamos alquilar. En primer lugar, intentaremos que mantenga la vivienda en perfectas condiciones de limpieza e higiene. O, dicho de otro modo, con un aspecto apetecible y confortable, es decir, dispuesta para que la persona a la que vamos a enseñar la vivienda pudiera a entrar a vivir de inmediato (aunque sea hipotéticamente). De este modo, el potencial arrendatario no tendrá que gastar energía imaginando cómo quedaría el lugar ‘bien arreglado’, puesto que ya estará viéndolo ante sí durante la visita guiada. Además, mostrar un piso impoluto añadirá un plus de confianza y de buena imagen al visitante, tanto en lo que a nuestra agencia respecta como en cuanto al que será su futuro casero.

Siguiendo con la misma idea anterior, es más que recomendable que instemos a nuestro cliente a que realice las reformas pertinentes: alicatado de baños, pintura, cambiar bombillas o pomos de puertas en mal estado, etc. Todo esto sumará de cara a que el potencial inquilino acabe por alquilar el inmueble que le vamos a mostrar.

Otro punto clave para conseguir un alquiler rápido es que la vivienda que deseamos arrendar cuente con uno o varios pluses añadidos, tanto en el interior de la vivienda como en cuanto a los servicios cercanos se refiere. Así, podemos invitar a nuestro cliente a que cambie los muebles por otros más nuevos y vistosos o a que compre un televisor más grande. Del mismo modo, no podemos olvidarnos de informar al posible inquilino sobre qué valores añadidos obtendrá si alquila la vivienda que le estamos enseñando: servicios de transporte público cercano, parques, supermercados, etc. Asimismo, si estamos hablando de una vivienda que forma parte de un complejo, nos desviviremos por realzar las ventajas que ello supone: mayor seguridad durante las 24h., servicios de portería y recogida de basura, piscina, etc.

Y el último consejo para conseguir alquilar más rápido: asesorar correctamente a nuestro cliente sobre el precio del alquiler. Aunque probablemente el arrendador ya tenga un precio en mente, nosotros, en calidad de asesores, debemos ser capaces de, en caso de que sea necesario, ajustar dicha cifra al valor actual del mercado. Para ello, solo tendremos que realizar un estudio del precio de los alquileres en la zona en la que se ubique el inmueble.